| Costa do Barbanza |
Mar adentro, mar adentro,
y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños,
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno,
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo;
es como penetrar al centro del universo:
El abrazo más pueril,
y el más puro de los besos,
hasta vernos reducidos
en un único deseo:
Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras:
más adentro, más adentro,
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.
(Mar Adentro, de Ramón Sampedro)
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ENTRE A MORTE E A VIDA NA MARXE DA COSTA DA MORTE
A salvaxe beleza da praia das Furnas cuxa toponimia evoca antigos elementos funerarios, tenta engaiolar sen éxito o mar que se revolve nelas coma unha besta ferida e garda no seu ventre a lembranza dunha absurda traxedia, a dun mariñeiro en terra da veciña aldea de Sieira: Ramón Sampedro, aquel namorado dos versos de Neruda que Amenábar retratara na oscarizada Mar Adentro. |
"Había mar de fondo. Hacía resaca en la costa. Estaba de pié al borde del pozo natural que formaban las rocas de la playa. Ensimismado pensaba en el compromiso de la noche. La chica me iba a presentar a sus padres. Creo que me estaba entrando el temor a la idea del compromiso matrimonial. Sin saber cómo, me vi cayendo hacia el agua. No me había lanzado voluntariamente. Cuando iba por el aire me di cuenta que la resaca había retirado casi todo el agua. No había remedio. En la vida jamás se puede volver atrás. Choqué con el mar. Toqué con las dos manos la arena del fondo, pero no bastó la reacción para frenar la inercia. Vi la arena. No era posible evitar el choque de la cabeza. Con el ángulo que llevaba de entrada en el agua, lo lógico era tocar con la cara, pero un reflejo instintivo me hizo inclinar la cabeza hacia delante. La cabeza pegó en la arena. El cuerpo quiso dar el tumbo, pero la presión del agua lo impidió. Sonó un chasquido, como el romperse de unas ramas al pisarlas. Como un pequeño y desagradable calambre recorrió mi espina dorsal y el cuerpo entero. A continuación, nada.” |
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Pero a vida do Barbanza maniféstase con forza nun espectáculo cromático onde milleiros de margaridas, caraveliños de mar ( glaucium ), serapias, allos ( allium ), escornacabras ( aquilegias ), orquídeas, narcisos, lirios, botóns de ouro, papoulas... se deixan peitear polo vento salgado do Atlántico.
A vida voa sobre as lagoas de Carregal e Vixán debuxando siluetas de alcaraváns, espátulas, aguiluchos lagoeiros e ata máis de 35 especies ornitolóxicas diferentes, 10 de anfibios e 14 de réptis.
A vida reflicte fartura nos abondosos hórreos de pedra que se debruzan cara o mar, cheos de millo e patacas que, entre as sebes perfumadas de estripeiros e madreselvas tapizan a contorna dos pobos.
Protección da vida e respecto á morte conviven en forma de cruceiros de Loreto , característicos pola capela que remata o fuste, e que alberga unha imaxe da Virxe de Loreto. |
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A vida escoa faíscas de luz polos espellos do río Sieira e baila entre as troitas que valentes, escuras, silentes, campan baixo a súa ponte medieval.
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En definitiva, a vida burbulla no Barbanza ao abeiro da Serra que lle da nome, centinela das Rías de Arousa, Muros e Noia que alberga máis de trinta monumentos megalíticos e que bica o mar co célebre castro marítimo de Baroña , disque (Plinio) habitado pola tribo dos presamarcos e, á luz das últimas escavacións, posteriormente romanizado. |

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